jueves, 12 de marzo de 2015

Análisis del Cuento Sufi "Fátima, la Hilandera y la Tienda" (3º parte)



   La tienda era para los egipcios lo que ellos denominaban el “cuerpo de gloria” que rodea al espíritu  (160); también el Tabernáculo de los judíos estaba envuelto en una tienda en el desierto, siendo su tela hilada con pelo de cabra (Ex. 35.26). También en Siria en la actualidad las tiendas son confeccionadas de pelo de cabra. Fátima consigue el símbolo de conjunción, integrando todas las funciones que fue desarrollando en su peregrinar.


            Una leyenda china citada por FRAZER relata que “hace muchos años la ciudad de Tsuen-Cheu-Fu cuya configuración se asemeja a una carpa, frecuentemente servía de presa a las depredaciones de la vecina ciudad de Yung-Chun, cuya forma se parecía a la red de un pescador, hasta que los habitantes de la ciudad víctima concibieron el plan de erigir en su centro dos altas pagodas. Estas pagodas que todavía se elevan sobre la ciudad de Tsuen-Cheu-Fu, han ejercido desde entonces la más feliz influencia sobre sus destinos al interceptar la red imaginaria antes de que pudiera caer y enredar en sus mallas a la imaginaria carpa”  (161). Aquí encontramos el mástil y la tienda como pagodas en el centro, la integración del sistema de opuestos (2 pagodas) permite escapar de las redes de la Ciudad-Madre Terrible (JUNG toma la ciudad como símbolo materno como ya se expuso).

            Fátima consigue el símbolo de conjunción, integrando las funciones que fue desarrollando en su peregrinar. Ahora integrado está en condiciones de elegir, comenzando a gobernar los hilos de su existencia, la nueva aparición del Padre-Emperador-Animus, esta vez concediendo el deseo y no imponiendo lo demuestra. Como afirma el viejo dicho astrológico: el sabio gobierna sus estrellas, el necio es dominado por ellas, al hacer conscientes sus habilidades se reconcilió con la Gran Madre, que la azotó con el único motivo de que se realizara.
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Podemos agregar otra perspectiva de análisis: los mismos sufís, autores de estos cuentos comentaban los distintos niveles de sus textos. Si miramos desde el enfoque sociológico, podemos observar que la identificación con el mandato paterno en Fátima, es propia de la Sociedad Patriarcal Islámica, donde la mujer es rebajada, convirtiéndose en “objeto de deseo - al decir de Lacán - sin posibilidad de alcanzar su propio desarrollo.

La ironía de los sufís lleva a colocarle el nombre a la heroína del relato, de Fátima, la hija favorita del profeta Mahoma, fundador de la religión y preceptos islámicos. Por otro lado la heroína comienza su viaje siguiendo el ciclo solar habitual al extremo occidente donde sufre el devoramiento (la pérdida de la función paterna rectora), acercándose, en su viaje nocturno (inconsciente) por Alejandría primero y Estambul después, al extremo Oriente en China, donde alcanzará su meta final, luego de la comprensión (surgimiento de la conciencia-amanecer).

Emperador
Fabricante de Mástiles
Padre


China                                                                                                          Occidente
(Surgimiento de la conciencia)                                                                                                                            (Devoramiento-Naufragio)


Alejandría
Estambul

            Si el análisis es correcto Fátima debe “matar” a su padre Mahoma y su ley para poder alcanzar la individuación, consiguiéndola fuera de las condiciones habituales de su medio, pasando de “objeto” a “sujeto” del deseo, utilizando la idea de Lacan, desarrollando su ser. Citamos nuevamente la frase de Edinger (ver pág. 2): “el proceso de conocer (conciencia) es un proceso de poder. Ser conocedor significa dominar el objeto conocido por el poder del Logos. Ser conocido equivale a ser víctima del conocedor.”

            Recordemos que en la Biblia el verbo “conocer” se aplicaba al conocimiento carnal, si comparamos con este proceso nos da la pauta del dominio del hombre sobre la mujer, transformándola en “objeto” del deseo (ver pág. 55), vengándose ésta en forma de Madre Terrible Devoradora. El integrar el Animus-Logos, pudiendo salvar la dicotomía objeto-sujeto, lleva al desarrollo del ser femenino (la integración del Animus-Viejo Sabio-Capricornio) alcanzando su Sí-Mismo. El hombre patriarcal (Capricornio) dominador en el pensamiento-percepción, pero víctima en el sentimiento-intuición, si alentase este proceso sería, como vimos, recompensado por las bendiciones de la Gran Madre (Cáncer) y de las Mensajeras del Destino, que facilitarían su Búsqueda hacia el Sí-Mismo.

            En nuestra sociedad actual, esto ha cambiado ligeramente, presentándose nuevos problemas. Con gran clarividencia Reiner María RILKE dijo en 1904: “La muchacha y la mujer, en su despliegue nuevo y propio, serán sólo transitorias imitadoras y repetidoras del modo masculino de ser y no ser. Por la inseguridad de tales tránsitos se mostrará que las mujeres sólo han pasado por la plenitud y alternancia de esos disfraces (a menudo risibles), para purificar su naturaleza más propia de los influjos deformadores del otro sexo”  (162). RILKE se refiere a la llamada posesión por el Animus, cuya primera imagen es el Padre, el Padre Saturno-Capricornio.

            Desde otra concepción, pero con el mismo significado, se refiere a esta mujer poseída por el Animus-Saturno, Alexander LOWEN: “La natural función de la madre (Cáncer) se ha visto reemplazada por la madre-manager. Bajo el consejo de los pediatras, con sus recetas y reglas, su papel ha pasado de ser el suelo donde el bebé echa sus primeras raíces (...) a ser una organizadora y administradora.” Recordemos las características de Capricornio mencionadas (ver pág. 5), ahora seducida por el Padre-Cultura, se olvida de su propio instinto maternal (Cáncer). “Está allí para su hijo, prosigue LOWEN, pero no en su naturaleza esencial de mujer. Todas sus actividades podría hacerlas fácilmente un hombre: preparar el biberón, dar de comer al niño, cambiar los pañales o bañarle. No es sorprendente que la mujer se sienta agobiada por labores que no colman su naturaleza. E incluso si resulta ser una manager eficiente no recibirá de sus hijos el aprecio y el amor que una madre quiere y debería tener.”  (163)

LOWEN afirma que “administrar una casa reduce a los niños a nivel de objetos” (pensamiento-percepción), el “conocimiento objetivo” de Capricornio) y prosigue diciendo que “todos sus pacientes depresivos han tenido esta sensación”, lo que confirmaría lo expuesto más arriba (ver La Depresión). El peligro para la individuación en la mujer y como consecuencia para todos los seres, es la posesión del Animus-Saturno-Cultura, que la aleja de su naturaleza, ya que como dice LOWEN: “Los peores efectos de la Tecnología, el poder, el egoísmo y la objetividad han sido los relativos a los trastornos en la relación madre-hijo” (164). La Máscara (Capricornio) ha seducido a la Madre (Cáncer).


            ¿Por qué se produce esta seducción?. Podemos pensar que por la misma confusión dada entre el arquetipo Máscara y el Sí-Mismo en la psique masculina (ver pág. 23/24), pero ahora en la evolución de las figuras del Animus (VON FRANZ da 4 etapas): la primera es la del padre y por extensión al Padre-Cultura: el estadio más alto es la “encarnación del Significado. En este elevado nivel, se convierte (como el ánima) en mediador de la experiencia religiosa por lo cual la vida adquiere un nuevo significado”  (165). El ánimus al poseer la psique femenina se convierte en una especie de Máscara que encuentra significación sólo en las opiniones rígidas del Padre-Cultura (o erigiéndose en otra verdad “absoluta”) perdiendo, al ser barrida la conciencia femenina, su función natural que es la conectora con los contenidos del Inconsciente Colectivo, dando, como dice VON FRANZ, “a la mujer firmeza espritual, un invisible apoyo interior que la compensa de su blandura exterior”  (166). El personaje de Fátima, a pesar de las diferencias culturales, es un cabal símbolo de este proceso.


 (160)    CIRLOT, J.E.: loc. cit., pág. 440.

(161)    FRAZER, J.: La Rama Dorada, F.C.E., México, 1986, pág. 61.

(162)    RILKE, Rainer María: Cartas a un joven poeta, Edit. Galerna, 1985, pág. 882.

(163)    LOWEN, A.: La Depresión y el Cuerpo, pág. 213.

(164)    Ibid, pág. 209.

(165)    VON FRANZ, M.L.: El Hombre y sus Símbolos, Edit. Caralt, 1984, pág. 192.

(166)    Ibid, pág. 193.