viernes, 9 de agosto de 2013

El Mito Solar y el Proceso de Individuación (2º Parte)



El Mito Solar, el héroe y el Proceso de Individuación
                                                                                      El Sol como símbolo de la divinidad, o como su ojo, como fuente de luz y calor y por lo tanto de vida, y en su sentido negativo como destructor de la misma, es propio, con variantes, de todas las culturas a lo largo del planeta. También está asociado al principio paterno- masculino, con excepción de las culturas matriarcales donde es femenino. De la misma forma aparece como símbolo del centro, asociado al corazón como ocurre también, al igual que el ojo derecho, en el sistema astrológico.
      El paso del simbolismo astral al humano, en el pensamiento mítico, está dado por el héroe (señor en griego).
Así como el sol reina en los cielos, debiendo vencer diariamente los abismos nocturnos, el héroe lucha por gobernar su existencia. Por esta razón en la mitología todos los héroes son solares;  como el astro traen una nueva luz, una nueva conciencia, intentando iluminar las tenebrosas oscuridades de la Noche-Inconsciente.

      En el mundo antiguo este era el privilegio de pocos  quienes eran respetados por su fuerza de voluntad y su propósito constituyéndose en personajes de autoridad y poder de una comunidad. De allí que el sistema astrológico lo vincule a los reyes, gobernantes y es la estrella, en la historia, de los reyes y emperadores. El Faraón egipcio, es la encarnación del dios solar Ra. El emperador aqueménida y luego el sasánida es llamado el “hermando del Sol y de la Luna”. Desde otra faceta, Hammurabi le dedica su famoso código a Asmas, el sol, dios de la Justicia. Esta impronta solar se transmite a lo largo del tiempo, de allí que ya en un contexto secular Castaglo exprese: “ El Sol es símbolo adecuado para todo orden político con pretensiones de ecuanimidad. Federico II, que poseía acentuados rasgos mesiánicos, gustaba ser llamado: “Sol de Justicia”, o “Sol” o “Luz de los Pueblos”. Maximiliano y Carlos V acuñana monedas con leyendas como :Quod in coelis sol in terra Caesar est ; Luis XIV se hizo llamar el “Rey Sol” y tomó el disco como símbolo, igual que Napoleón, que es comparado con el Sol”.[1]
      Esta diferenciación producida  por la identificación con el astro rey llevó, como señala con agudeza Eliade,  a “la afinidad de la teología solar con las élites, ya se trate de soberanos, de iniciados, de héroes o de filósofos. A diferencia de las otras hierofanías cósmicas, las hierofanías solares tienen tendencia a convertirse en privilegio de círculos cerrados, de una minoría de “elegidos”. Lo cual tiene por efecto alentar  y precipitar un largo proceso de racionalización”.[2] Fue así que la teología solar egipcia, identificada con la monarquía tuvo su reacción compensatoria con el Dios de la Vegetación y de los Muertos- Lunar Osiris, en un intento de democratización de la búsqueda de la inmortalidad del alma solo accesible al Faraón.
      Tal vez podríamos considerar la curiosa concepción del astro rey como planeta, dentro del sistema astrológico, como la compensación del Inconsciente Colectivo ante el peso solar aristocratizante de los reyes y nobles, y de esta forma “democratizar” el desarrollo consciente. Pero el lado oscuro de esta nivelización hacia abajo es la pérdida de la dimensión sagrada con lo trascendente. En forma similar que en las elites en las cuales la experiencia hierofánica es rebajada a la idea racional, esta nivelización conduce a un “olvido” platónico donde el Sol como astro desconoce su propia naturaleza central,  se enceguece y se fragmenta su luz reflejándose en los planetas, “perdido en el objeto” al decir  de Heidegger, extraviándose o complicándose la finalidad vital. Pero el Sol es un símbolo de centro, su representación con el círculo y punto central lo identifica con él y con la Totalidad, o sea el Mandala. Zodiacal en cual  al decir de Volguine : “expresa su influencia en forma indirecta” confirmando el argumento. Desde esta perspectiva, recobrar el Sol- Héroe, es el medio por el cual la conciencia puede reintegrar todas su cualidades proyectadas en el exterior, en la luz reflejada de los planetas. Desde la visión psicológica de Jung, es lo que denominó Proceso de Individuación
      Podría utilizar la analogía planteada por los antiguos gnósticos. Ellos proponían la prisión del pneuma espiritual en los vicios recogidos en el descenso del alma por las esferas planetarias en la encarnación (en el caso solar el orgullo). Para regresar al Dios trascendente debían enfrentarse a cada uno de los demonios custodios hasta llegar al último Iadalbaot- Saturno, el demiurgo quien se había erigido en el Creador olvidando al Dios trascendente por encima de él. Si colocamos la divinidad trascendente, desde el punto de vista psicológico, como el Arquetipo del Sí Mismo, encontramos que el yo- conciencia (Saturno- Iadalbaot)  ha usurpado su lugar. Llevándolo al plano astrológico podríamos observar la caída de Saturno en Aries- Asc. aliado al Sol- planeta exaltado allí, donde el orgullo del yo desconoce a la Totalidad Trascendente. Lo que desde un punto de vista compensador, o sea el refuerzo del yo frente al Absolutismo Tiránico proyectado en reyes, gobernantes o castas sacerdotales es positivo, tiene su contracara del olvido de lo sagrado y su vulgarización profana.
      De allí que rescatar esta perspectiva solar, como lo hace Jung, identificándolo con el dios-héroe y con la energía psíquica finalista, el Sol “recuerda” (re- cordis: volver al corazón) su origen astral y de esta forma ya no sirve al pequeño;  es como el héroe, el actor del Proceso de Individuación, de reintegración de la Totalidad Fragmentada en las múltiples instancias del devenir. (continúa en la 3º parte)




[1] Castagno A., Mitos y Símbolos Políticos, Eudeba, Bs As, pag. 17
[2] Eliade M., Tratado de Historia de las Religiones, Biblioteca Era, México, 1972, pag. 148