sábado, 13 de diciembre de 2014

Análisis del Cuento Sufi "Fátima, la Hilandera y la Tienda" (2º parte)




Nota aclaratoria:  El cuento y su análisis pertenecen a mi libro "Neurosis de Destino y Karma. Un estudio psicológico sobre el símbolo de Capricornio". Se respeta el texto original, junto a los números en las notas al pie. El texto completo estará disponible en versión e-book.

El relato comienza con la clásica travesía, el inicio en el viaje de la vida, pero Fátima, la protagonista, es impulsada por su padre, próspero hilandero, quien, hilando le define la meta y fin de su existencia.


            Ella es envuelta por ese hilo y “sueña” con el esposo que pronto podría pertenecerle, está soñando, vive una ilusión, ha hecho suyo el deseo de la Ley-Padre, detalle significativo: su madre no aparece en el relato. Fátima que representa al tipo introvertido, hará que las funciones subdesarrolladas maternas, aparezcan en exterior. Tenemos aquí a la Madre-Océano Terrible, con lo cual el naufragio de la frágil nave-conciencia es previsible.

            La orientación de la conciencia, representada por su padre muere y Fátima se transforma en una vagabunda hasta que es recogida por la familia de tejedores. “La restauración regresiva de la persona (máscara), dice JUNG, es sólo una posibilidad de vida cuando debe uno su crisis de fracaso vital a su propia inflación.” (157)

            Las ilusiones, los sueños, habían inflado la conciencia de Fátima, quien ahora se recuperaba de ello pasando de una familia rica a otra humilde, ubicándose en el lugar que le correspondía ya que su conciencia altamente diferenciada representada por su padre, cae y ahora entra en una familia indiferenciada que sin embargo le enseña un nuevo oficio, el manejo de otra función.

            El mismo tema lo encontramos en la Historia Interminable de Michael Ende. Bastian luego de erigirse en Emperador del Reino de Fantasía, llevando al máximo su voluntad de poderío y por ende su hybris, cae y como compensación vive como uno más de los yskálmari, un pueblo de marinos que no conocían la palabra “yo” y hablaban de sí mismos como “nosotros”.

            Fátima al cabo de uno o dos años vuelve a ser feliz, pero como dice JUNG: “la resignación y el empequeñecimiento son sólo una evasión que a la larga no puede mantenerse sino a costa de una neurosis crónica.”  (158)

            Visto desde la conciencia de Fátima la evasión no era tal, sino más bien una situación de imposibilidad de manejar la situación, pero la Madre-Océano, aparentemente terrible la saca del letargo enviándole unos mercaderes de esclavos.

            Por segunda vez se le derrumba su orientación de vida, pero este empequeñecimiento necesario por un tiempo, se había tornado peligroso, amenazando con tornarse permanente, la cual tendría funestas consecuencias para su desarrollo. El rapto por los mercaderes sólo pone en evidencia la esclavitud de la nueva vida que estaba llevando.

            Nuevamente un cambio de dirección y en apariencia desgraciado, pero a pesar de que Fátima no lo note, ya no es lo mismo: la creciente energía a disposición de su conciencia hace que rápidamente consiga su libertad, aprendiendo el oficio de fabricar mástiles.

            El mástil, por un lado, se lo puede considerar símbolo fálico, señal de que Fátima entró en discusión con su contraparte masculina, el ánimus, en el cuento esto estaría demostrado también por el empleador, quien le enseña la profesión. Amplificando el simbolismo del mástil encontramos que Scheneider lo toma como símbolo del eje del mundo, del eje valle-montaña (Capricornio para la Astrología) y como consecuencia la verticalidad y el mito de la elevación. Fátima trabajando muy duro había entrado sin saberlo en el camino ascendente de la individuación. JUNG relaciona subida de la montaña (eje valle-montaña): esfuerzo, empeño que lleva a la idea del punto central  (159).

            Pero parece que este esfuerzo es en vano nuevamente la Madre-Océano la hace naufragar y allí, quizá por primera vez, con mayor conciencia se pregunta - porqué?, pero no obtiene respuesta.


            Pero como Parsifal frente al castillo del Grial, al formular la pregunta correcta tarde o temprano la respuesta aparecerá y es así como se enfrenta a la última y decisiva prueba: armar una tienda.  (Continúa en la 3º parte)

Nota aclaratoria 2: Debo a la amabilidad de Adela Ferrer quien me hizo notar que en la imagen elegida en la primera parte, Las Hilanderas de Velázquez, el mito al que se refería el pintor no era el de las mensajeras del Destino sino a la contienda entre la diosa Atenea y Aracne., por lo cual ahora coloqué la imagen de las Moiras. Pero el "fallido"  se ha mostrado " lleno de sentido" como nos diría Jung, el Inconsciente se manifestó y mostró a la "hija de Papá" Atenea, nacida de su cabeza y sin vínculo con su madre. Ella es la tejedora del orden social y hace que las cosas ocupen el lugar que "corresponden" ( esto lo veremos ampliado en la 3º parte cuando veamos el cuento desde una perspectiva sociológica).

  La diosa de la razón se viste con la égida, la armadura confeccionada con la piel de la cabra Amaltea, quien amamantó a Zeus niño,  y  que es inmortalizada en la forma de la constelación de Capricornio ( es una de las versiones del origen de la Constelación). Atenea es el representante del orden colectivo patriarcal y en la disputa con la bella Aracne teje cuadros de los dioses contra las escenas eróticas de su joven rival. Al derrotarla y con ello reprimir lo femenino, la transforma en araña uno de los símbolos de la Madre Terrible (astrológicamente Luna en caída en Escorpio: araña)
El Orden Patriarcal reprime lo Femenino deviniendo este Terrible como lo vimos y se ampliará en las siguientes partes.


 (157)    JUNG, C.G.: Las Relaciones entre el Yo y el Inconsciente, Edit. Paidós, Barcelona, pág. 63.

(158)    Ibid, pág. 63.

(159)    Ibid, pág. 125.

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