domingo, 20 de julio de 2014

ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE EL SIMBOLO DE LA MONTAÑA (2º Parte)



La montaña como ombligo y punto cosmogónico de la creación

Eliade (8) señala: "la cima de la montaña cósmica no sólo es el punto más alto de la tierra; es también el ombligo de la tierra, el punto donde la creación comenzó". De allí también la asocia­ ción con la región umbilical en las distintas denominaciones de las montañas sagradas.
El Dr. Kramer, citado por Campbell(2), en sus investigaciones sobre las tablillas sumerias encontró que el Cielo y la Tierra se representaban con el símbolo único de una montana cósmica, cuya base era el fondo de la tierra y su cima el cenit del cielo. La parte inferior, la Tierra (Ki) era femenina y la superior, el Cielo (An), masculina, denotando la naturaleza doble original en todo memento cosmogónico primordial, antes de la diferenciaci6n, "in illo tempore".

En la tradici6n budista, comenta Eliade, "la creación parte de una cima, es decir de un punto que es a la vez central y trascendente". Apenas nacido el Bodhisattva planta sus pies de plano en el suelo y vuelto hacia el Norte, da siete zancadas, alcanza el polo y exclama: 'Yo soy quien está en la cima del mundo, yo soy el primogénito  del mundo'  (Majjhimanikaya, III,123). En efecto, al alcanzar la cima cósmica, Buda se convierte en contemporáneo del comienzo del mundo. De manera mágica (por el hecho mismo de insertarse en el "centro" de donde nació el Universo entero) Buda ha abolido el tiempo y la creación y se encuentra en el instante atemporal que precede a la cosmogonía (6)
A partir de la montana se derivaría la creación del mundo -y también la creaci6n del hombre-. En la tradici6n mesopotámica el hombre fue moldeado en el "ombligo de la tierra". El 'hombre primordial, Gayomard, y el buey primordial, son creados por Ormuz en el centro del mundo. En China, según el Chuowen, la montaña es "la productora de los diez mil seres"  (5)
Yomá, citado por Eliade (6)  afirma:"El mundo fue creado a partir  de Sión". Para la tradición  kabalista el Adán primordial fue hecho del polvo del Monte Sión, ubicado en el centro del mundo. Según una tradidón  siria éste estaba establecido en una montaña más alta que las otras. En el libro del mismo origen La Caverna de los Tesoros se halla una variante de la leyenda cristiana señalada más arriba: Adán fue creado en el centro de la tierra, en el lugar  mismo donde debía levantarse más tarde Ia cruz de Jesús, redimiéndolo su sangre. Este Adán primordial es según el Midrasch Bereshit Raba, hermafrodita.
Dada la primordialidad del paraíso este Adán, como el dios primordial Anki están “in illo tempore", fuera de la manifestación. Hay una coincidencia interesante entre ambos: la palabra sela traducida por costilla, de donde se crea Eva, es en realidad ladera, remitiéndonos a su origen en la montaña de Sión.
La idea de ladera de la montana nos remite nuevamente a China, el concepto de la polaridad primordial: Yin (oscuro-femenino), Yang (luminoso-masculino), de donde surgirán "los diez mil seres” en la evolución de los ideogramas que los representan, se les agregó con posterioridad un denominador común que quiere decir "pendiente de montana".
Primitivamente Yin quería decir "lo que da sombra" y Yang “brillante, resplandor". Con el agregado del clasificador Yin pasa a significar "ladera oscura, sombría, es decir el norte de la montaña" y Yang "la ladera iluminada, resplandeciente, es decir, hacia el sur de la montana(e)(14)
Este ultimo acercamiento, nos lleva a la asociación que se intenta desarrollar con el símbolo de la "coincidentia oppositorum".
(e) La división según Ia latitud coincide con el simbolismo solcistial señalado mas arriba (nota d)


La montaña como símbolo de la "coincidentia oppositorum"

Eliade nos señala una variante de Ia "coincidentia oppositorum" como mostrando la estructura profunda de la divinidad, la cual manifiesta alternativamente o simultáneamente todos los opuestos de la naturaleza: luz y oscuridad, bien y mal, manifiesta y virtual, etcétera.
La montana, en China, por un lado describe la máxima inmovilidad, representada en el hexagrama 52 "El Aquietamiento" del clásico confuciano: el I-Ching. Pero por otro lado sus laderas oscuras y luminosas representan los principios dinámicos alternos de toda la existencia, en una concepción donde "lo único inmutable es la mutaci6n" (14).

En Ia India, el monte Meru con sus siete cielos es a la vez paraíso (cielo) y lugar habitado.  En épocas posteriores donde los símbolos son internalizados -a través de las técnicas psicofísicas del yoga y del tantra- el eje que une Ia tierra y el cielo pasa a ser la columna vertebral y los siete cielos (como asi también los siete planetas de las gradas del ziggurat) pasan a ser los siete chakras.
Estos siete centros seránn los escalones donde  la Shakti (principio femenino manifiesto) ascenderá para unirse en bodas sagradas  con Shiva (principio masculino trascendente) en el chakra Sahasrara, situado en la cabeza, "Ia cima del Monte Meru" (Sat-Cakra-Nirupana) (16)
El yogui, mediante un esfuerzo deliberado, intenta -a través de la concentración-reunir los dos principios divinos, y alcanzar, por medio de su práctica, el paradojal estado de jivan­mukta liberado en vida.
Este estado es descripto por una parte, "mediante imágenes de la espontaneidad pura y de la libertad": el "jivan mukta" es un kamacarin "aquel que se mueve a voluntad", por esta razón se dice de él que "puede volar por los aires"; por otro, a través de imágenes de inmovilidad absoluta, detención definitiva de todo movimiento, y solidificación de toda movilidad (7).
Este estado paradojal concuerda con lo señalado más arriba con respecto del hexagrama 52 "El Aquietamiento" y los dos principios en permanente mutación. Además, el hexagrama contiene indicaciones referidas a la quietud interior mediante el dominio de la espalda. Wilhem comenta: "El signo representa el fin y comienzo de todo movimiento. Se menciona la espalda, pues en la espalda se encuentran  todos los cordones nerviosos que trasmiten el movimiento. Cuando uno consigue que el movimiento de estos nervios espinales se aquiete, desaparece, por así decirlo, el yo con sus inquietudes. Ahora bien, una vez que el hombre ha logrado aquietarse así en su interior, puede dirigirse al mundo externo. Ya no verá en él la lucha y el torbellino de los seres individuales, y será dueño de la verdadera quietud necesaria para comprender las grandes leyes del acontecer universal  y el modo de actuar como corresponde" (15)

Desde la calma absoluta en el interior, el hombre, según esta concepción, puede accionar indiferente -como el jivan mukta- al torbellino de acontecimientos en el mundo externo. Expresado simbólicamente el sabio taoísta chino alcanza la cima de la montana Kuen Luen, es la cabeza por donde sale al cosmos (como el chakra Sahasrara). Ha salido pero puede volver a él, tiene el manejo de la "puerta de los dioses".
Volviendo a lo anterior, el motivo de las bodas místicas, reintegrando la unidad, nos lleva al otro motivo planteado por Eliade (6)




La bipolaridad de dos personalidades nacidas de un único principio y destinadas a unirse "in illo tempore" ya sea escatológico o retornando al tiempo primigenio vuelto a recrear, según las distintas versiones.
Siguiendo con la secuencia planteada  por el I-Ching, el Hexagrama 52 es seguido por el número 53, denominado "La Evolución" conformado  por los trigrama  Ken (montaña, quietud) abajo y en la parte superior Sun (madera, viento), dando la imagen de un árbol que crece arriba de la montana.
El hexagrama describe los pasos de la ceremonia matrimonial que en China reeditaban las bodas  entre el Cielo y la Tierra. La imagen aúna la montaña con el árbol. Su vinculación con el culto a las diosas orientales es bien conocida (Ishtar, Artemisa, Afrodita) y a los amados hijos de la Gran Madre tempranamente muertos (Tammuz, Osiris, Adonis y Dionisios). Pero el árbol aquí representado, -además de su asociación con la regeneración constante del universo-, ocupa el centro del mundo (Kien mou – ver mas arriba).
Este vínculo muestra  una diferencia  con los árboles de la vida eterna o de la ciencia del bien y el mal en el Monte Sión del Paraíso. En la concepción judeo-cristiana comer de su fruto equivalió a la expulsión, a la salida del tiempo primordial. En cambio en el I-Ching alcanzar la cima mediante el matrimonio es restablecer la unión entre el cielo y la tierra, entre Ia vida constantemente regenerada (árbol) sacralizado en un centro (montaña).
Por esta razón Campbell  señala: "El matrimonio y el connubium ritual se entendían como una reconstrucción del estado indiferenciado primigenio, tanto en la meditación (aspecto psicológico) para la estimulación del alma como en el acto (aspecto mágico), para la fertilización y renovación de la naturaleza; por lo que también se iba a reconocer que hay un plano o forma de ser donde aquel estado primigenio siempre está presente, aunque para la mente y para el ojo parezca ser de otra manera'' (3)
De la misma forma se renovaba la vida en las religiones mesopotámicas: por medio del hierosgamos, entre el soberano encarnando  a Dumuzi  (Tammuz) y la hierodula  (Innana), dado en lo alto del ziggurat. En la ceremonia se volvía al tiempo primordial antes de la división de Anki por su hijo Enlil.
Como podemos observar tanto en China  como en India y las religiones mesopotámicas tratadas, luego de la división ocurrida "in illo tempore" y que marca la entrada en el mundo de la temporalidad, hay una posibilidad de regresar a ese tiempo y renovar, como en India (yoga-tantra) y China (taoísmo) o restaurar permanentemente esta "coincidentia oppositorum".
En cambio, en el judeo-cristianismo, esta posibilidad no es cíclica sino proyectada a un solo y definitivo momento en el futuro. Dada la coincidencia simbólica en torno a la montaña y sus respectivos desarrollos culturales en las distintas civilizaciones, cabe hacerse la pregunta: el cambio de la costilla por la ladera en la traducci6n de la palabra  sela (mito de la creación de la mujer, Gen. 2, 21), ¿marca una diferencia que se trasladará en el desarrollo del símbolo? Además: ¿Cuáles serìan las consecuencias traducidas  del orden  simbólico a lo social, de esta diferencia?








Estas preguntas nos conducen a la segunda parte. Aquí intentaré dar respuesta a estos interrogantes dentro del marco del judaísmo, desde sus comienzos hasta el profeta Isaías.  (continúa en la 3º parte)

3 comentarios:

maria rosa ancillai dijo...

Gracias Alberto por compartir y ampliar nuestros horizontes.
Beso grandote!!!










maria rosa ancillai dijo...

Gracias Alberto por compartir y ampliar nuestros horizontes.
Beso grandote!!!

maria rosa ancillai dijo...

Gracias Alberto por compartir y ampliar nuestros horizontes.
Beso grandote!!!