miércoles, 23 de noviembre de 2016

El Concepto de Mutación en el I-Ching desde una doble perspectiva (3º parte)


 la última parte del artículo

     Solo una disposición desinteresada, desapegada puede llegar a reconocer los signos de los tiempos, y en esta actitud al no querer retener, puede permanecer “inmutable en la mutación” como reza uno de los primeros apócrifos; de la misma manera del que está en el “ojo” de la tormenta, y se mueve junto con él  siempre permanecerá allí. En la respuesta esto estaría reforzado dado que la línea individual es precisamente la quinta, o sea la línea blanda.


     El dictamen habla de un tiempo favorable; un tiempo de fortaleza interior, claridad y cultura exterior resultando en una expresión fácil de poder y un  elevado logro y riqueza.

     Si adecuo este dictamen al sentido de la pregunta, interpreto que el libo de las Mutaciones responde a la concepción basada en la idea de que –cuanto seres humanos- somos siempre cambio, mutación, variedad, sorpresa: esto responde a un ritmo cósmico supremo que los 64 hexagramas traducen. Como dice Granet “es en estos símbolos gráficos donde están contenidos una sabiduría, un poder vital.”

    En la medida en que más cerca un individuo se halle de este ritmo, mayor será la bienaventuranza percibida. En cambio, mayor será la mala fortuna, en tanto desconozcamos, comportándonos como el hombre vulgar del que habla el I-Ching.

     El hombre noble siempre modesto (Hexagrama 15 La Modestia) una de las virtudes más ponderadas en China- reconoce y estudia los ritmaos cósmicos que se manifiestan en – por ejemplo-  los cambios de la naturaleza. Como lo traduce el hexagrama 49: “La Revolución (Cambio)”: “El hombre se hace dueño de los cambios de la naturaleza cuando reconoce su regularidad y distribuye e forma correspondiente el curso del tiempo. Con ello se introduce el orden y la claridad en el cambio, aparentemente caótico. De las temporadas y uno puede tomar anticipadamente las previsiones necesarias, de acuerdo con las exigencias de las diferentes épocas.” (ibid. Pag. 274)

     De allí, según la concepción del I-Ching, el hombre noble, merced a su claridad y orden, aún en épocas difíciles, extrae y capta lo esencial que el tiempo requiere. Por ello la imagen de la Posesión de lo Grande reza: “Fuego en lo alto del Cielo, la imagen de la posesión de lo grande. Así el noble frena el mal y fomenta el bien, obedeciendo con ello la buena voluntad del Cielo” (pag. 138)

     ¿Qué sería el mal aquí? Perder la modestia, querer ascender como “un dragón arrogante “(sexta línea del hexagrama 1, pag. 85), excediendo el propio poder; saliendo del ritmo cósmico, que a la manera titánica, intenta usurpar el lugar que no le pertenece, siguiendo una caída estrepitosa.

     De la misma manera debe actuar el hombre noble en el exterior, como reza el comentario de la quinta línea: “en tiempos de posesión de lo grande la mera mansedumbre no es suficiente, pues podría surgir, paulatinamente, la impertinencia. Esta aparición de la impertinencia ha de ser dignamente mantenida dentro de sus límites y entonces la ventura será cierta.”(pag. 140)

     Esta forma de accionar deriva en el hexagrama 1: “Lo Creativo” que es el cielo repetido. La línea conectora, la quinta, reza: “Dragón que vuela en el cielo. Es propicio ver al gran hombre.” El comentario expresa: “Aquí el gran hombre ha arribado a la esfera de los seres celestiales. Su influjo se extiende, visible a lo lejos, sobre el mundo entero. Todo el que lo contemple puede considerarse bienaventurado” (pag.85)[1]

     Quien posea el sentido del cambio, su influencia no podrá ser pasada por alto. El hombre vuelve a su naturaleza celestial y actúa conforme a ella. Cada acto es creativo y no sigue una pauta fija, sino la que el instante requiere,: de esta forma, el hombre deviene sabio, reconoce la inmutabilidad de la mutación, actuando en armonía con ella.

     Desde un punto de vista más técnico, el quinto puesto corresponde al gobernante; se puede interpretar que el hombre conocedor de la mutación gobierna  su vida, pero si sigo el consejo de la línea “es propicio ver al gran hombre”, lo que se puede interpretar como que aún  a este hombre siempre le resulta favorable consultar a un sabio, o al libro de las Mutaciones que contiene la sabiduría total de todas la situaciones de la vida.

     Aquí surge una paradoja ¿Cómo un hombre puede mantenerse inmutable en el cambio sin alterar su esencia, perdiéndose en las innumerables y caleidoscópicas transformaciones que la vida nos presenta?

     La respuesta es, a mi juicio aún más paradójica, estaría dada en la imagen del hexagrama 32: “La Duración”: “Trueno y Viento la imagen de la duración. Así el noble permanece firme y no modifica su rumbo.” El Comentario reza: “El trueno retumba y el viento sopla: ambas manifestaciones representan lo sumamente móvil, de modo que, según las apariencias se trataría de algo opuesto a la duración. Sin embargo, su aparición y desaparición, su avance y retroceso, su ida y venida, obedece a leyes duraderas. Así la independencia del hombre noble tampoco se basa en la inmovilidad o rigidez. Siempre vive de acuerdo con el tiempo y varía con éste. Lo duradero es el rumbo firme, la ley interior de su ser, la que determina todos sus actos” (pag.209)

     Los seres humanos nacemos, según el I-Ching, con una naturaleza buena recibida del Cielo (hex. 25 La Inocencia). Sería la perversión de esta inocencia la que nos alejaría de estos ritmos cósmicos, y por lo tanto, de la ley eterna de nuestro ser heredada y reflejada en el Cielo y la Tierra. El I-Ching traza una diferencia bien marcada entre la naturaleza espiritual, aquella que obedece al Cielo y la naturaleza instintiva. Ésta, en tanto que irreflexiva y arrastrada por las pasiones (Hex. 29 el Agua, lo Abismal) desembocan en el peligro que acarrea la desgracia. Confucio dice acerca de esto: “Aquel que se aparta de la Inocencia, a dónde irá a llegar? La voluntad y la bendición del Cielo no acompañan sus acciones.”(pag. 182)[2]

     De esto se puede deducir: sólo puede poseer el cambio aquel que está unido indivisiblemente a la inmutabilidad de la ley de su propio ser, de naturaleza celestial. Esta naturaleza guiará a l en las innumerables transformaciones de la realidad, en su confrontación con “los diez mil seres”, sin apartarse de su ley interior- que paradójicamente es idéntica a la del Cielo y la Tierra- reconociendo  lo que cada situación, aunque universal le requiere a él individualmente.

     Tamaña tarea en cualquier tiempo que sea y con las influencias deformantes de la cultura no es sencilla, contará con innúmeras desviaciones y retornos (Hex. 24 el Retorno que en la secuencia antecede a la Inocencia[3], hasta que logre afianzarse – como resultó en la tirada- en lo Creativo, cuya imagen expresa: “Pleno de fuerza es el movimiento del Cielo. Así el noble se hace fuerte e infatigable”.

     El sabio, plantea el comentarista, extrae del Cielo,  “el modelo según el cual deberá evolucionar hacia una acción duradera. Ha de hacerse íntegramente fuerte, eliminando a conciencia todo lo degradante, todo lo vulgar. Así adquiere la infatigabilidad que se basa en ciclos completos de actividad” (pag. 82)


Reflexión Final:

                          La confrontación del material teórico con el producto del azar lleva, por distintos senderos, a resultados complementarios, coincidiendo en el cap. V (parte 1): “Que él posea todo en plena riqueza, constituye su gran campo de acción. Que todo lo renueve diariamente, constituye su magnífica modalidad”(pag.387)
     La relación entre las dos vías es inversa, en el material sapiencial se va desde lo cósmico y social a lo individual; en el oracular de lo personal a lo impersonal.

     Vogelmann asocia la vía sapiencial a lo yang (lo luminoso racional), la oracular a lo yin (lo oscuro terrenal). Aplicando el concepto de mutación, lo yang al tornarse “viejo” se transforma en yin y viceversa. Lo estudiosos del libro en su sapiencial proponen lo que la situación requiere. Podría tal vez asociarse a esto que un estudioso –después de largos años de labor en la faz yang, al devenir “viejo yang”, se transforme en su contrario, incluyendo la vía oracular (yin).

      Pero también podría pensarse que un estudioso, pero por la vía práctica de la consulta (yin), tras largos años de indagación, devenga en viejo yin, transformándose en yang, pudiendo reconocer los principios universales inherentes.

      ¿Cuál de los dos vías sería la apropiada, o son ambas complementarias? Una analogía del campo físico tal vez nos aporte una respuesta. Está dada en la naturaleza de la luz y su doble aspecto complementario: onda (yin)-partícula (yang), comportándose según el fenómeno asociado de una u otra forma, en una indivisible unidad, al igual que  lo planteado por Vogelman acerca del I-Ching.

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Bibliografía

1)   I-Ching, versión de Richard Willhelm, Buenos Aires, Sudamericana, 1979 y 1998.
2)   El Concepto de Mutación, en Ocho Lecciones de I-Ching, Helmut Willhelm
3)   Tao- Té-Ching, Lao Tsé, traducción de Ch’u Ta-kao, Madrid, Morata, 1980
4)    Adler O., La Astrología como Ciencia Oculta, Kier, Buenos Aires, 1998                    




[1] Al Hexagrama 1, Lo Creativo, le corresponde el período Mayo-Junio, o sea, coincidencia significativa, al signo mutable y de las Mutaciones en la Astrología: Géminis, regido por el inquieto y multiforme Mercurio.  Confluye también con el ascenso a la esfera de las estrellas fijas de Dante, entrando por la constelación de Géminis. Los signos mutables son considerados “débiles” en la Astrología Occidental, dada la preeminencia extravertida representada por los signos cardinales. Oskar Adler los asociaba a la guna Sattva, sabiduría en la psicología hindú, demostrando, al igual que en el I-Ching y Dante, la importancia de este símbolo. Los alquimistas tenían como su protector y meta del Proceso a Mercurio.
[2] Esta contraposición de ambas naturalezas podría estar reflejada en el sistema astrológico en el doble domicilio: diurno y nocturno de los planetas en la Astrología Tradicional. En asociación directa con los hexagramas expuestos nos encontramos con Aries (La Inocencia, Hex. 25) contrapuesto a su domicilio nocturno en Escorpio (Hex. 29, lo Abismal, el Agua, hexagrama del hijo del medio).
[3] En Ta-Chuan o Gran Tratado existe la llamada Secuencia uniendo significativamente cada Hexagrama.   Si la acción de la Cultura ha forzado al individuo a unirse a la Comunidad (Hex 21, La Mordedura Tajante), Pero esta unión tiene una forma, por ello le sigue la Gracia ( Hex. 22). Pero si esta Gracia se lleva demasiado lejos, alejándote de la esencia, le sigue el proceso doloroso de desidentificación de la Máscara (Hex. 23, La Desintegración) y por lo tanto un nuevo retorno a lo original (Hex. 24 El Retorno),  El I-Ching reza:” Al volverse atrás, uno se torna libre de culpa. Por eso sigue ahora el signo: La  Inocencia”(pag. 600) Y desde esa nueva inocencia se puede plantear la reeducación, por ello sigue  La Fuerza Domesticadora de lo Grande(Hex. 26). Esta secuencia simbolizada por los Hexagramas se repite una y otra vez en el Proceso de Individuación.